Conociendo la historia de Galicia a través de la realidad virtual

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Con el Año Xacobeo de 2021 puesto en el horizonte y con Galicia en mente, la exposición ‘Galicia, un relato en el mundoexplora la interacción entre el territorio histórico gallego y el resto del mundo gracias a la tecnología.  Un apasionante viaje a través de decenas de siglos en el que el recorrido, visitable en el Museo Centro Gaiás de Santiago de Compostela, presenta piezas que van desde la Prehistoria hasta la actualidad. Aquí, tecnología, realidad virtual y plataformas interactivas se erigen en aliadas con las que repasar varios milenios de cultura con acento gallego.

“Nuestra apuesta por la tecnología es fruto de una reflexión acerca de cómo debe ser la relación entre espacio expositivo, objetos y visitantes”

Manuel Gago, comisario de «Galicia, un relato en el mundo»

De ello nos habla Manuel Gago, comisario de la exposición, profesor asociado en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universida de de Santiago de Compostela, y director de culturagalega.gal. Especializado en comunicación digital y divulgación cultural basada en tecnologías digitales, Manuel apuesta por que “los museos converjan con narrativas y se convierta en espacios transmedia en los que se empleen diferentes formatos”.

“Nuestra apuesta por la tecnología es fruto de una reflexión acerca de cómo debe ser la relación entre espacio expositivo, objetos y visitantes”, asegura. Una realidad que se hace patente en las virtudes que la tecnología digital pone al alcance del público y del organizador, ya que “permite reinventar esa relación y desarrollar nuevas experiencias con nuevos lenguajes sobre los objetos”. Una vuelta de tuerca cultural que permite, por ejemplo, dar nueva vida a objetos como los dos Códices Calixtinos, prestados para la ocasión por la Biblioteca Vaticana y la Universidad de Salamanca.

“Las condiciones de conservación y seguridad obligan a mantenerlo en una vitrina, con poca iluminación… Todo eso incrementa las distancias con el visitante”, reitera. Ahí es donde “la tecnología nos permite transformar esa aparente barrera en una oportunidad”.

Experiencias inmersivas

La exposición cuenta con 320 objetos dispuestos a contar una historia que sea percibida «incluso emocionalmente. Entender la identidad gallega es el resultado de un encuentro y diálogo entre particulares de otras culturas y sociedades, pero también cómo Galicia ha contribuido a otras culturas”.

Una ventana abierta al siglo XXI en la que las experiencias inmersivas y la realidad virtual cobran protagonismo en tres niveles de tecnología distintos. “Todas ellas son variaciones sobre la idea de ‘interfaz corporal’, es decir, provocar que sea el cuerpo del usuario el que genere interacciones de forma limpia”, aclara. Una ventaja que se desarrolla a través de sensores que desencadenan narrativas a través de la posición o del movimiento, van “desde proyecciones hasta manipulación de contenidos e imágenes empleando tecnología ‘leap motion’, que detecta las manos del usuario”, nos cuenta.

Ya en el segundo nivel, es la realidad aumentada la que emerge como protagonista, donde “proyectamos a escala real un templo romano de Turquía donde se encuentra una de las primeras inscripciones referidas al pueblo de los galaicos”. Una experiencia que “permite hacer algo imposible: apreciar las dimensiones y la estructura de un gran templo que era, al mismo tiempo, un mapa”.

“Apostamos por la hiperrealidad, es decir, un escenario en el que el usuario se puede mover libremente junto a otras dos personas”

Manuel Gago
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El tercer salto se produce con la realidad virtual. “Apostamos por la hiperrealidad, es decir, un escenario en el que el usuario se puede mover libremente junto a otras dos personas”, explica. Para ello se equipa a cada uno con mochilas VR Vive Pro sincronizadas que permiten al personaje la caracterización de época y “a través de ‘leap motion’ convertimos sus manos en controladores, para que la experiencia sea más natural”.  Así el viajero se pone en la piel de un emigrante gallego que marcha a América a mediados del siglo XX a bordo de un transatlántico. “Reproducimos a escala real una parte de la cubierta y proyectamos virtualmente el resto, así que la sensación de realidad es muy grande porque lo que tocas se corresponde con el escenario virtual”, indica Manuel.

Este éxito dentro de la exposición sirve además para unir a varias generaciones. “Me interesa la realidad virtual también como camino para conectarnos con realidades sociales del pasado próximo”, sintetiza. Una ‘realidad’ que consigue que abuelos que vivieron esa experiencia la puedan revivir en compañía de sus propios nietos. «Tenemos a muchos visitantes mayores, algunos con más de 90 años, que se desenvuelven sin problemas en el mundo virtual”.

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